11 abril 2012

Añadirle Sambuca al café no me hace menos puertorriqueña.

He aprendido con el tiempo que haber nacido en Puerto Rico no me define exclusivamente como persona. La globalización y el Internet han contribuído a mi expansión cultural y eso me alegra, me gusta saber qué pasa más allá de estas aguas territoriales. Quizás peco de saber más de otros lados que de lo que pasa aquí, pero no puedo bregar con mentes chiquitas mediáticas que le dan foro al circo politiquero local. Si me hablaran con inteligencia y respeto yo los escucharía. Esta es mi opinión. 

A lo que voy, esta hermosa isla (sí, todavía es hermosa ante mis ojos) es tan rica en cultura y tan pobre en autoestima que divaga entre parámetros obsoletos que no encaja en un mundo abierto como el que vivimos hoy. Quizás es el hecho de que no sabemos manejar la situación tan extra-ordinaria que tenemos; somos ciudadanos norteamericanos y somos hispanoamericanos. ¿Recuerdas a Latinoamérica? Somos café con leche, café puya, a veces ralito y otras expresso con unas gotitas de Sambuca. Claro que no es fácil y hay desventajas, luego de 500+ años de colonización es tarea difícil romper viejos hábitos y el mundo pide nuevas definiciones que todavía nos estamos preparados para realizar. Eso significaría soltar lo que conocemos, nos guste o no, y aceptar que somos más de lo que creemos. El apego es cosa mala.

Los invito a leer la columna de Perspectiva en El Nuevo Día de hoy escrita por el escritor mexicano Carlos Fuentes, se titula "Puerto Rico en Veracruz" la cual reproduzco íntegramente aquí.